Abril 4, 2017.

¿Qué es la calma, por qué siempre vamos detrás de ella? ¿Por qué cuando al fin la alcanzamos, empezamos a creer que no es tan buena y por qué nos resulta aburrida y sin gracia?

Creo que nos hemos vuelto adictos al dolor, somos incapaces de ver la belleza de la paz y tratamos consciente o inconscientemente de hackearnos una y otra vez, arruinando lo bonito que hemos podido conseguir.

Leí que las mujeres somos más propensas a esta cuestión, hacernos adictas al dolor emocional, al parecer viene en los cromosomas XX. Puede resultar gracioso, que al escuchar adicción al dolor, nos reflejamos aunque una sola vez, pero si lo pensamos un poco más, es terriblemente agotador.

Cuántas veces no habremos desaprovechado el “amor bonito” de ese alguien que nos quería nada más porque sí, por quien éramos, sin pedir nada más que un poco de atención, ah pero nosotros queríamos a nuestro “Mickey ojos azules”, el chico malo, el rudo, el don nadie, al que nosotras con nuestro profundo amor salvaríamos y haríamos cambiar.  Bueno, ¿quién nos dijo que somos enfermeras o doctoras corazón? Nadie cambia a menos que la persona misma quiera hacerlo, mas eso no lo aprendemos hasta que es demasiado tarde. Hasta que nos rompemos el corazón.

A dónde quiero llegar con todo esto, no tengo ni idea. Quizá sólo necesitaba plasmarlo para darme cuenta de lo patético que es no saber apreciar una vida calmada, que no sepamos distinguir entre calma, rutina o aburrición. Que a menos que nuestros cerebros necesiten medicación, lo demás sí es cuestión de criterio propio, me hace mal, me alejo, me hace bien, lo cuido. No me satisface, lo hablo, me llena, lo procuro. Y así con cada cosa, persona o situación que se nos presente. Porque querer a nuestro Mickey ojos azules y ser las dancing queen es tan de los 17.

Para los que ya no estamos en esa década dorada que son los 20, para los que estamos tratando de no rendirnos aquí en los 30, para los que quizá estemos dándonos una nueva oportunidad, aprendamos un poco de lo que no nos ha funcionado y evitarlo. Si lo pensamos un poco, sí somos más maduros; lo notamos porque vemos con ternura a los más jóvenes, aquellos chicos que creen que se comerán al mundo, a esas mujercitas que se creen bellas pero que aún no saben que la belleza es pasajera. Aquí, de este lado de la trinchera, sabemos que hay sueños que en eso se quedarán, que hay ilusiones que a pesar de tantos fracasos seguirán floreciendo; como el amor, la amistad, la lealtad. Que preferimos pasos firmes que alas sin cielos, que deseamos acciones y nos alejamos de ciertas promesas, aquí, de este lado, sí hemos aprendido algo con los años, somos más sabios aunque ya no tan guapos, somos más maduras aunque ya no tan firmes, y que a pesar de mucho, todo esto es genial. 

Podríamos sentirnos ya muy viejos y cansados, pero no, esto apenas es la mitad del camino, estamos en los 30, justo empezando a edificar la segunda parte de nuestra vida, sí, de nuestra vida.

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