Diciembre 4, 2017.

Quisiera decir que espero que estés bien, pero eso yo ya lo sé, sé que estarás bien, dentro de lo que cabe, porque sé que seguirás comiendo a deshoras y durmiendo mal, sé que seguirás con ese desastre que es tu vida y que no harás nada al respecto porque no lo ves así, crees que estas bien. Incluso sé que puedes creer que estarás mejor sin mí y quizá así lo sea.

Quisiera decir que espero que estés bien, pero de sobra sé que no será así, sé que seguirás en tu mundo de silencio, enojado conmigo, contigo, con el mundo y nuevamente contigo, enojado porque aunque en tu mente sepas porqué, sabes que traduciéndolo a palabras, no tiene sentido. Seguirás enojado y podría decir que espero que sigas así, enojado; porque al desaparecer el enojo te llegará la tristeza y no sabrás qué hacer con ella.

Quisiera decir que espero que estés bien pero sé que no será así, quizá tu dentadura lo esté pero tú quién sabe, después de estos tres años, a quién le morderás suavemente los hombros, el labio inferior al término de cada beso. A quién.

Quisiera decir que espero que estés bien, pero sé que no será así, es época de frío, se te resecarán las manos y los pellejos acudirán al contorno de tus uñas y no harás nada al respecto, porque a nadie tocarás. A quién acariciarás hasta que te duelan las manos y quién te dirá que uses crema.

Quisiera decir que espero que estés bien, pero sé que no será así, sé que cambiaste mucho y que fuiste feliz, lo sé porque yo estuve ahí, yo te vi, vi como tu sonrisa se encendía con solo verme y tu mirada brillaba al recorrer mi silueta, estuve ahí cuando decidiste que sí, que yo podría ser una buena idea, pero también sé que nada importó cuando decidiste alejarte.

Quisiera decir que espero que estés bien, pero sé que no será así. No por ahora, por ahora estarás ocupando tu mente con trabajo, deseando terminar extenuado cada noche para no pensar en mí, pero yo vida mía lo sé, sé que no estarás bien, no por ahora, no mientras me recuerdes, me ames.

No corazón, no estarás bien y eso es lo que me duele a rabiar. Si al menos yo supiera que lo estarás, yo lo estaría. Pero sé que miento al decir que espero lo mejor para ti, porque yo amor mío, yo era lo mejor para ti y tú lo sabes.

Anuncios

Noviembre 13, 2017.

Hola.

Yo quisiera decirle que no tengo nada qué decirle y que estamos en paz, pero no es cierto. Lo que sí lo es, es que ya quiero dejar de cargar este costal.

Hay harta cosa que quiero preguntarle, pero créame, a estas alturas no vaya usted a creer que es reclamo, son dudas existenciales, allá usted si me las reponde o no, yo solo quiero soltar.

¿Qué se siente? ¿Qué se siente no’más no volver, qué se siente dejar de ser, dejar atras? ¿De verdad se avanza? 

Ni quiero saber los porqués, porque seguramente habrá un reflejo de justificación que no estoy dispuesta a creer. Déjeme decirle que me debe mucho, yo no tengo recuerdos suyos. No tengo el clásico recuerdo de usted llevándome a dormir, ni de usted ayudándome a la tarea o regañándome por haber llegado tarde o sacado una mala nota. No tengo nada de usted; no, de hecho tengo un mundo de ausencias e ilusiones perdidas.

Padre, no tiene idea de cuánta falta me hizo, me hizo falta en la escuela, me hizo falta en la casa, me hizo falta en las noches, me hizo falta en cada golpe que la vida me daba sabiendo muy bien que nadie me iba a defender. ¿Dónde estaba usted cuando me lastimaron? ¿Qué hacía usted mientras yo lloraba porque me calaba su ausencia?

Cuando usted comía, ¿se acordaba de sus hijitos? Cuando se iba a la cama ¿pensaba u oraba por nosotros? Cuando usted era feliz y se carcajeaba con sus hijos mayores ¿acaso se preguntaba por los menores? Dígame que es feliz y que valió la pena dejarnos atrás, dígame que no se arrepiente, por favor padre, dígame que en 30 años logró borrarnos de su corazón.  Deseo que sí, deseo que aunque yo literalmente me dormía llorando por usted, usted podía dormir plácidamente sin pensar que nos había dejado con ella.

Tengo que decirle y aclararle de nuevo que esto no es reclamo y que me hago responsable de mis decisiones como adulta, pero qué hay de aquellas que los demás hicieron por nosotros, qué hay de su falta de amor y compromiso, puedo entender perfecto que haya dejado de quererla, es más, podría estar segura que nunca la quiso, pero vaya, tuvo que hacer cuatro hijos para darse cuenta que lo suyo no era cuidar de nosotros. Usted tuvo opción, podía haberse quedado y decidió irse, ni siquiera recuerdo que se haya despedido de nosotros, usted tuvo opción papá, una niña de seis, qué opción podía tener. Ninguna padre, ninguna.

Crecí sola, lastimada y humillada, crecí violentada pero crecí; y ahora quiero decirle padre que tengo miedo, que sufro al pensar que teniéndonos tan cerca usted ni así hizo un esfuerzo, que incluso a estas alturas que no tenemos necesidad de pedirle nada, ni así quiera saber de nosotros. De mí, de su Coco, me hierve la sangre al saber que de hecho la sangre no le significó nada, se dice que la sangre llama, pero usted, usted siempre hizo sordo al corazón. 

Quizá es demasiado pedirle o preguntarle que si me quiere, pero yo sí lo quiero, quiero decirle que aunque ella jamás nos habló de amor, tampoco nos sembró odio y que si ellos lo sienten, yo no. Que yo sí le estimo  y que en esta absurda idea de que pronto moriré, no quiero quedarme con este sentimiento sin compartírselo. Quiero que mi descendencia sepa de dónde viene y que lo quieran como yo lo hago, quiero que por favor no me rechace más y que en estas últimas curvas de la vida, se permita, me permita, ser parte de su camino.

Padre, a mis 34 años no tengo sentido de pertenencia, siento que nada es mío y que no pertenezco a nada, ya desperdiciamos mucha vida, no lo hagamos más.

Con todo el amor que siempre le he reservado. 

Y.

Noviembre 10, 2017.

Qué bonito baño pensaba mientras yacía en un rincón. Las lágrimas ya se habían secado y los cigarros acabado. Entre admirar el baño y recordar cuándo fue que había empezado a fumar se le fue la tarde olvidando el porqué estaba encerrada en ese lugar.

Ok pensó, es hora de salir. Y así lo hizo, se levantó, alisó su falda, lavó su cara y dientes y decidió de nuevo sonreír. El problema fue cuando se miró al espejo para comprobar que su apariencia fuera normal, no puedo eludir su propia mirada; la esquivó mas no la olvidó.
Salió y empezó a hacer la cena, recordó como el martes pasado había hecho el amor con él, fue tan bello y dulce, recordaba las caricias en la espalda y el recorrer de aquellas manos por sus piernas, buscó en los detalles de la memoria y encontró aquella sonrisa de triunfo cuando ambos llegaban al final de esa batalla coital, suspiró y siguió apurándose, sabía que su esposo no tardaría en mencionar que ya tenía hambre y que no estaba lista la cena; le enojaba tanto ese comportamiento, siempre arruinar los bonitos recuerdos porque vivía preocupada por lo que dijera el marido. Decidió dejar la memoria para después.

Justo a las 7 tenía que la cena servir, eran 7:05 y el horno no sonaba que el pollo estaba listo, sabía que debía haberse apurado antes, sus manos empezaron a sudar y su corazón a latir más de prisa, alguien gritó desde el comedor, escuchó pasos acercarse y decidió ponerse detrás de la barra en forma de defensa. Ya sabía de sobra la misma cantaleta de siempre, y sí, no se había equivocado, que si era una tonta, que si no pensaba, que qué hacía todo el día, blablablá, lo mismo de toda la vida, lo odiaba, lo odiaba de una forma irracional, quería clavarle lo primero que tuviera al alcance, enterrárselo hasta el fondo, sacárselo y volvérselo a enterrar, hasta que escupiera sangre y se ahogara con la misma; en fin, la escena terminó igual que las miles de escenas anteriores, con un no sirves para nada, mejor me largo con alguien que sí sepa cuidar de un hombre como yo y un portazo marca diablo. 

Para cuando escuchó el motor encenderse, ella ya estaba pensando nuevamente en aquél amante apasionado que la hacía vibrar y sentirse hermosa y deseada. En ocasiones no podia creerse cuan afortunada era de que alguien la hiciera sentir como lo más importante y valioso del universo, otras tantas ya no queria recordar para no desgastar los recuerdos. El timbre volvió a sonar, lo escuchó a lo lejos, seguía pensando en aquel precioso arreglo de flores y la nota que días anteriores había recibido, la nota decía que la amaba y las flores eran sus favoritas, amaba como aquel hombre recordaba hasta el último detalle que ella mencionaba. Maldita sea, el olor a quemado la hizo reaccionar, ni modo, a tirar la comida y limpiar el desastre.

Era casi medianoche cuando la botella de vino se vacío y supo que era hora de irse a la cama, decidió darse una ducha antes de, para cuando hubo terminado se sentó frente al tocador para encremarse y al hacerlo notó que de hecho su marido tenía razón, su cuerpo habia cambiado, la edad empezaba a notarse, se deshizo del albornoz y pudo contemplar su figura al desnudo, estuvo a punto de avergonzarse si no fuera porque de nuevo los recuerdos llegaron, esta vez recordó como al igual que en ese momento, ella salía de la ducha y se alistaba para asistir a no sé dónde; cuando notó que alguien desde la cama la observaba, sintió pudor, no porque aquél hombre fuese un desconocido sino por su figura, trató de no hacer caso y siguió arreglándose, de pronto sintió una mano recorrer las piernas desde abajo hasta donde iniciaba la falda, se estremeció de pies a cabeza, como se quedaba sin fuerzas al sentir deslizarse la ropa interior, unos besos en la espalda hicieron que sus pezones despertaran y que sus pechos se hincharan, arqueó la espalda y alcanzó a decir, basta, es tarde, no dijo más porque le dieron la vuelta y la besaron cargándola hasta posarla en ese mismo tocador, entre besos furiosos y caricias perversas, lograba escuchar que él le decia una y otra vez que era perfecta y que la amaba como a nada, hicieron el amor de forma loca, apurada, con un frenesí que solo juntos eran capaces de crear.  El sonido del auto estacionándose la regresó a la realidad, apagó las luces y se fue a la cama, fingió estar dormida.

De nada sirvió, su marido llegó a tumbos hasta la habitación gritándole que no lo hiciera pendejo, que acababa de ver las luces encendidas, que se las pagaría; ella no dijo nada, se dedicó a tratar de calmar su respiración y sus pensamientos, de pronto así sin más, aquél imbécil alcoholizado la despojó de todo y decidió castigarla sin razón, por más que ella luchaba y le pedía, no, de hecho le suplicaba que no lo hiciera, él hizo caso omiso, le abrió las piernas y sin piedad entró en ella, vaya sorpresa, estaba mojada, (no porque aquello la excitara sino porque hacía unos momentos ella había estado pensando en aquel encuentro amoroso con su amante) y eso enfureció más al marido; entre sus ahogados gritos escuchó como le decía, entre carcajadas y palabras obscenas, qué le haces al cuento si eso estabas esperando, pues bueno, eso tendrás, y sin consideración alguna siguió violándola, ella empezó a llorar y él para callarla, le tapaba la boca, decidió morderlo, él le asestó tal golpe que quedó inconsciente. Para cuando despertó, él estaba dormido, se levantó, decidió asearse una vez más y al pasar por el espejo, se miró la cara, la piel, los moretones, las mordidas, la sangre en el labio, pero lo que más le dolió fue la mirada de lástima que ella misma se dedicaba. Entró furiosa a la regadera y esta vez en lugar de pensar en ese amante perfecto que a la vez era su mejor amigo y compañero, pensó en el hombre que estaba durmiendo en su cama a pierna suelta sin cargo de conciencia alguno, pensó en todas las veces que la había humillado, golpeado y decepcionado, cuántas veces lo había perdonado creyendo que algún día dejaría de ser ese monstruo de marido que era, dejó correr gruesas lágrimas, entre las lágrimas y el agua de la regadera, se desvanecieron las huellas de sangre de sus labios, estaba furiosa más que dolida. Era como una pelota de baseball en la boca del estómago, lloró y lloró, no supo cuánto tiempo estuvo sintiendo el agua recorrer su mancillado cuerpo.

Al salir, notó que pronto amanecería y que el desayuno debía estar listo antes de que él partiera, se vistió y bajó de nuevo a la cocina, hizo lo suyo y esta vez a tiempo, no hubo complicación alguna, él se fue y ella regresó a la cama, estuvo dormida casi todo el día hasta que su mismo instinto le advirtió que ya era hora de preparar la cena. 

Así pasaron los días hasta que ese hermoso arreglo floral llegó, ese día desde que despertó sintió que iba a pasar algo, era un arreglo mágico, espectacular, obvio no pasaría inadvertido por nadie, dudó enseguida en ver la nota, se puso nerviosa, no sabía si era del marido o del amante, tenía que ser del amante, eran sus flores preferidas, aunque también podrían ser del marido, no se había disculpado de manera formal por aquél episodio; después de un rato, tomó valor y abrió la nota, sonrió y se la llevó al pecho. Subió a prisa las escaleras y se preparó para lucir regia, la mejor lencería, los mejores tacones, el labial preferido, todo debía estar perfecto.

Dieron las cuatro y salió de su casa, la cena, por un momento su corazón sintió detenerse, al instante recobró la sonrisa y se dijo para sí, hoy no importa y subió a su auto. Habitación 235, quinto piso, entró en el elevador y notó como el tipo que estaba ahí, incluso tomado de la mano de su pareja, no dejaba de verla, volvió a sonreír para sí, sacó un espejo y se retocó los labios, sentía la mirada de aquél hombre, un piso antes de su destino, la pareja abandonó el ascensor y este siguió su camino. Quinto piso, a la derecha, la puerta estaba entreabierta, pasó, iba a quitarse los guantes pero decidió que aun no; dejó su bolso en la mesilla de la entrada y caminó hacía la cama, al ver el espejo del tocador hizo un alto y se dedicó una mirada de fulgor, se supo fuerte, valiente y sexy. Aquél hombre la miraba desde atrás, le dijo, te ves radiante, sabía que vendrías y la besó, la besó con tanta furia y ternura a la vez que ella se olvidó de todo, correspondió a las caricias y sintió como la temperatura subía y subía, sabía que esos brazos la amaban, que esas manos la adoraban y que esos labios la habian extrañado todo este tiempo, no hubo tiempo de deshacerse completamente de la ropa, ahí mismo se volvieron animales apareándose como si la vida se les fuera en ello. No se escucharon promesas o palabras bonitas, solo jadeos y pieles reprochándose y reclamándose la una a la otra. Al fin terminaron, extenuados uno tendido al frente del otro, con los ojos cerrados y la piel pegajosa de tanta pasión. Pasados unos minutos él dijo que iría a bañarse y ella contestó que se pondría más cómoda y pronto lo alcanzaría en el baño, ambos sonrieron e hicieron lo que habían dicho, él a la regadera y ella a ponerse más cómoda, y por ponerse más cómoda se refería a vestirse nuevamente y a ir por el arma que había dejado en su bolso en la mesilla de la entrada, regresó al cuarto de baño y escuchó cómo él le decía que si estaba preparada para más, ella dejó escapar un suspiro y abriendo la puerta, disparó todo el cargador en ese cuerpo desnudo con una expresión de venganza mientras él se desvanecía con el terror en sus ojos.  Ella seguía disparando aunque estuviese vacía el arma, instantes después supo que debía regresar a casa a hacer la cena.

Para las siete, la cena estaba lista, sacó la carne del horno, la sirvió, abrió una botella de vino y se sentó junto a aquél arreglo floral, buscó de nuevo la nota y la leyó otra vez, esta vez en voz alta «Zorrita, te espero en el hotel donde cogimos por primera vez para darte de nuevo lo que a ti te gusta, no se te ocurra faltar». Sonrió de nuevo y se bebió de un trago el interior de la copa. Al servirse nuevamente, pensó en aquél amante soñado y una lágrima por su mejilla rodó, solo pudo pensar, «Si tan solo hubieras sido siempre así, no habría tenido que matarte mi amor, siempre fuiste el mejor amante hasta que el alcohol te convertía en lo que realmente eras, mi marido».

Octubre, 14 2017.

Llevo días mirándolos, cada que salgo de bañarme, cada que me dispongo a dormir, esta vez no he podido nombrar mis sentimientos, creo que ya lo normalicé y justo cuando pienso en eso, es cuando más me duele. 

Entonces, ¿debo dejarlo pasar, ignorar y dejar que sanen de a poco? Sé de sobra que no serán los últimos, pero sé que si hoy me doy por vencida, entonces no solo no serán los últimos sino que serán más frecuentes; pero, ¿unos simples moretones bastan para derrumbar todo? Qué importa si esta bien o mal construido, ¿debo ser yo quien active el botón de destrucción?

Quién estará conmigo, nunca nadie lo ha estado, qué habrá de diferente esta vez, por qué tengo que ser la culpable de que todo se venga abajo, después de todo nada me falta, sí ajá. Los sigo mirando, ya se ven más escandalosos que el domingo pasado, de hecho pensé que no había sido tan grave, solo que al pasar de los días se han hecho más evidentes. Al menos esta vez no se ven a simple vista, eso de lidiar con preguntas aumenta el estrés.

Vamos, olvidémonos del asunto, a nadie le interesa ni a mí. Estos días eso he notado, no duele, no molesta, hago como que sí para mantenerme firme pero no soy tonta, esto ha llegado a su final desde hace mucho y cuando hablo de esto, me refiero a mi voluntad, orgullo, dignidad, ganas de huir. Muy agotada. Antes tenía deseos de venganza, coraje, odio quizá, ahora nada.

Que porqué lo estoy escribiendo, porque necesito dejarlo plasmado, para que cuando al fin se borren las marcas, haya algo que siempre me recuerde lo estúpida que siempre he sido. Porque mejor escribirlo que contárselo a alguien, de todos modos, en menos de lo que cante el gallo, volverá a pasar y tal como ahora, no haré nada. 

No quiero irme, esas son las palabras que más he temido decir, el mundo por ello me juzgará, ¿por qué no se fue? -alguien dirá si un día se llegaran a enterar-. No, no quiero irme, es como esa gente (tonta quizá) que sabe que su vida corre peligro por un sismo, inundación, equis desastre natural y se le pide que acuda a algun albergue, y no quiere dejar su casa. Sabe que podría morir y aún así no se despega de su hogar. Así soy yo, ésta es mi casa, esto lo he construido yo, esto es mío, si me voy entonces le habré concedido todo triunfo y no, yo me quedo. No tengo fuerzas ni ganas de levantar los puños, mas tampoco quiero dejar de luchar. Debo rearmar la estrategia, se supone que soy la inteligente, se supone. 

Los vuelvo a ver, si no los toco no duelen, si no los veo, ni recuerdo que ahí están, tan parecido a todo, imaginamos que es mejor voltear a otro lado creyendo que así todo lo malo desaparecerá. 

Exagero, dios mío, ese pensamiento es constante, que exagero, que siempre exagero, que igual tengo la culpa, que si no hubiese hecho esto o aquello o que no habría pasado si yo no hubiese sido como soy. Que sí, que obvio estoy exagerando, que además no es justo que arrase con todo si los demás no tienen la culpa de nada. Ya, vuélvele a hablar me digo, de todos modos todos piensan que la mala eres yo.

Ay. No tengo idea, no, sí tengo claro a donde irá a parar esto; se pondrá peor. Claro que se pondrá peor. Resiste, me digo mientras encremo las piernas y sobándome las heridas, además qué más me puedo decir.

Septiembre 16, 2017.

No debemos permitir que cuestionen nuestra moral o forma de vivir, es indignante que terminen culpando a la víctima.

Siempre he creído que moriré joven, también tengo ideas de cómo será, ésas me las reservo, bebo alcohol sí, me gusta el tequila y soy fan del vodka, llevo casi un mes sin fumar pero presiento que volveré al vicio muy pronto, me gusta escaparme un rato de la realidad y sólo caminar y caminar, qué tiene esto de malo, que voy sola, me gusta hacerlo sola, voy a fiestas, bailo, me gustan las minifaldas y shorts, los pantalones ajustados y el escote, los labiales rojos y tacones altos. Me enamoré y he hecho mil locuras por ello. Tramité mi certificado de la prepa 15 años después de haberla acabado y decidí estudiar otra vez, pasados los 30; digo groserías y el mundo me cae mal, la gente suele decir que soy amargada, y cuando hablo de la gente, me refiero a los que dicen conocerme, soy feminista y aún así aplaudo a los hombres. Cuando voy a misa cuestiono mentalmente todo lo que el padre dice, he blasfemado y siempre busco la moneda más chica para dar de limosna, confieso que voy a las mañanitas por los tamales y me decepciono un poquito cuando dan pan, por eso me como dos. Jamás le he rezado a un Santo y pocas veces a la Virgen, mis dudas religiosas empezaron cuando decidí leer más, pero mi fe sigue ahí, esperando mi condenación. Pocas veces les coopero a los de la basura, me he quedado con cambios, hice trampa en varios exámenes, he entrado al cine sin pagar y soy todo menos un ejemplo a seguir. Y digo todo esto por si un día “me encuentran sin vida”… Sepan que fue mi culpa y que yo me lo busqué , porque según la sociedad siempre será la culpa de las mujeres; y claro, por putas ¿Por qué más?

Julio 17, 2017.

He estado buscando el pretexto perfecto para hablarte, decirte que te extraño y que me haces falta, a cada rato me asaltan las ganas de contarte algo, me ha pasado de todo y no he podido encontrar el valor o la humildad de buscarte.  Sé que pasará, pero también sé que si tú sintieras aunque mínimamente lo que siento, ya habrías dado el primer paso, así que, sabiendo esto y dándome cuenta que no lo has hecho; me digo y trato de convencerme que quizá fue mejor así. 

Pocas veces uno se abre a nuevas personas, pocas, poquísimas veces encuentras a alguien con quien sin darte cuenta dejas caer los muros a tu alrededor, que incluso las dejas pasar a la parte más íntima, privada y dolorosa de tu existencia, que sin pensar en futuros adioses, les compartes secretos, los oscuros y las más bellas ilusiones que te acontecen. Y también, pocas veces, estas compañías suelen durar.

Quizá leas esto, quizá no sea material faveable, solo quiero decir; que me rompiste esa parte del corazón que yo misma te ofrecí, y que sé, que sí, que tal ves fue un berrinche, pero que pensé que la balanza pesaría más de este lado que del lado del quedar bien con quien convenía más.

Como sea, podría ser que yo me inventé toda esta historia y que quizá solo sea algo normal, que nuestro ciclo terminó y que debemos otro comenzar. Te deseo suerte y todo lo mejor.
Carta No. 1.

Abril 4, 2017.

¿Qué es la calma, por qué siempre vamos detrás de ella? ¿Por qué cuando al fin la alcanzamos, empezamos a creer que no es tan buena y por qué nos resulta aburrida y sin gracia?

Creo que nos hemos vuelto adictos al dolor, somos incapaces de ver la belleza de la paz y tratamos consciente o inconscientemente de hackearnos una y otra vez, arruinando lo bonito que hemos podido conseguir.

Leí que las mujeres somos más propensas a esta cuestión, hacernos adictas al dolor emocional, al parecer viene en los cromosomas XX. Puede resultar gracioso, que al escuchar adicción al dolor, nos reflejamos aunque una sola vez, pero si lo pensamos un poco más, es terriblemente agotador.

Cuántas veces no habremos desaprovechado el “amor bonito” de ese alguien que nos quería nada más porque sí, por quien éramos, sin pedir nada más que un poco de atención, ah pero nosotros queríamos a nuestro “Mickey ojos azules”, el chico malo, el rudo, el don nadie, al que nosotras con nuestro profundo amor salvaríamos y haríamos cambiar.  Bueno, ¿quién nos dijo que somos enfermeras o doctoras corazón? Nadie cambia a menos que la persona misma quiera hacerlo, mas eso no lo aprendemos hasta que es demasiado tarde. Hasta que nos rompemos el corazón.

A dónde quiero llegar con todo esto, no tengo ni idea. Quizá sólo necesitaba plasmarlo para darme cuenta de lo patético que es no saber apreciar una vida calmada, que no sepamos distinguir entre calma, rutina o aburrición. Que a menos que nuestros cerebros necesiten medicación, lo demás sí es cuestión de criterio propio, me hace mal, me alejo, me hace bien, lo cuido. No me satisface, lo hablo, me llena, lo procuro. Y así con cada cosa, persona o situación que se nos presente. Porque querer a nuestro Mickey ojos azules y ser las dancing queen es tan de los 17.

Para los que ya no estamos en esa década dorada que son los 20, para los que estamos tratando de no rendirnos aquí en los 30, para los que quizá estemos dándonos una nueva oportunidad, aprendamos un poco de lo que no nos ha funcionado y evitarlo. Si lo pensamos un poco, sí somos más maduros; lo notamos porque vemos con ternura a los más jóvenes, aquellos chicos que creen que se comerán al mundo, a esas mujercitas que se creen bellas pero que aún no saben que la belleza es pasajera. Aquí, de este lado de la trinchera, sabemos que hay sueños que en eso se quedarán, que hay ilusiones que a pesar de tantos fracasos seguirán floreciendo; como el amor, la amistad, la lealtad. Que preferimos pasos firmes que alas sin cielos, que deseamos acciones y nos alejamos de ciertas promesas, aquí, de este lado, sí hemos aprendido algo con los años, somos más sabios aunque ya no tan guapos, somos más maduras aunque ya no tan firmes, y que a pesar de mucho, todo esto es genial. 

Podríamos sentirnos ya muy viejos y cansados, pero no, esto apenas es la mitad del camino, estamos en los 30, justo empezando a edificar la segunda parte de nuestra vida, sí, de nuestra vida.

Marzo 8, 2017.

Todo este tiempo lo he sabido, ahí estaba la respuesta, se había escondido entre todas esos reclamos callados e ilusiones de un nosotros, nunca se diluyó entre esas lágrimas derramadas a escondidas, sí, te he llorado muchas veces, aislada y calladamente; quién me habría entendido, nadie. Cada uno sabe su dolor, y por muy empática que sea la gente a tu alrededor, hay cosas que uno debe enfrentar solo, no porque no sientan o comprendan tu dolor, no porque juzguen o subestimen tu sentir, sino porque llorar a solas es liberador.

Pero hablaba de la respuesta, un día salió como si nada, como queriendo que yo la viera, quizá ya había salido antes pero mi amor por ti me cegaba que jamás reparé en ella, hoy la vi, mira que no es fea, obvio no es bonita pero fea no es, cuando sonrió supe que era para mí, hola le dije, no contestó nada, creo que sólo quería que supiera que ahí estaba y que la podía tomar cuando quisiera, no sé por qué hoy estuve preparada para ello, me acerqué y volví a decirle hola, sin esperar a que respondiera, seguí diciendo, preguntando mejor dicho;

– ¿Por qué hasta ahora te dejas ver?

– …

– ¿Desde cuándo has estado ahí?

– …

– ¿Sabes, podría decir que si te habría visto antes, quizá no habría llorado tanto?

Tímidamente abrió los ojos mirándome incrédula y dijo;

– Aquí he estado, desde tus primeras lágrimas, desde tus primeros por qués, quise hablarte pero cuando lo intentaba, encontrabas una justificación a tu sentir y me cubrías con ella, y cuando volvias a llorar por otra decepción, intentaba salir de ese abismo de expectativas, mas nuevamente encontrabas algo para dejarme ahí, que si era tu culpa, que quizá si no exigieras tanto, que tal vez si aguardaras un poco más, etc. Siempre encontrabas algo con qué cubrirme.

– ¿Yo hacía eso? ¿Todo eso?

– Sí. No lo notabas porque estabas enamorada.

– ¿Ya no lo estoy?

– No sé, ¿Tú qué piensas?

– Yo estoy segura que lo amo.

– Entonces, quizá por eso hasta hoy pudiste verme, estas lista para aceptarme, tu amor se ha fortalecido que está dispuesto a escucharme, o puede ser que no sea amor y sólo te hayas acostumbrado a no estar sola que no quieres aceptar que tus sentimientos se han ido desvaneciendo.

– No te entiendo, explícate.

– Mira, yo no sé hacerlo, yo sólo nací aquella vez que preguntaste que qué era lo que necesitabas para ser (momentáneamente) feliz.

– Ah sí, lo recuerdo. Pero aquella vez yo me respondí. Creo que te has equivocado y no es a mí a quien quieres.

– Ok, entonces que “él deje de esconderte de sus propios y que les diga que te ama y que aunque no estarán ustedes juntos como su familia ha estado pensando, él sí te ama, que eso quieres, que él les deje claro que te ama como a nadie” ¿no es lo que estabas esperando de mí?

¡Calla! Le supliqué con lágrimas suicidas y mejillas mojadas, ambas sabemos que eso nunca pasará, pero me ama y yo a él, debo ser paciente, darle tiempo, aceptar que él es así, cubría mis ojos con mis manos que cuando terminé de llorar, ella ya había desaparecido de nuevo, se había vuelto a esconder de tantas explicaciones que di mientras lloraba, pero aunque ella ya no estuviese ahí, yo ya la había escuchado. Eso nada lo iba a cambiar.

Limpié mis ojos y prendí la luz. Esa noche ya no pude dormir.

Febrero 28, 2017.

– ¿Te han roto el corazón?

– Me lo rompí yo sola a los 33. 

Qué es el amor sino la búsqueda constante de intentar definirlo y fracasar en cada intento. Hoy el amor es… mañana será algo diferente, y esta bien, está espectacularmente bien, un amor que no cambia, que no crece o que no se transforma, es un amor que se estanca, se pudre y de manera obvia, muere.

Felipe era el chico más lindo del Instituto, yo sólo era la asistente de la secretaria, un día terminó con Elizabeth Aboytes y fue conmigo a platicar, ¿Felipe hablándome, a mí? En fin, después de semanas de hablar me pidió ser su novia, vaya que si me sentía en las nubes, se trataba de Felipe. Hice y dejé de hacer tantas cosas por él. Terminamos y tiempo después nos reencontramos y volvimos. Terminamos nuevamente. Media vida, muchos amores y errores después, me doy cuenta que jamás amé. Felipe fue ese bocadillo que todos elogian y debes probar. 

Hace mucho, después de todas esas vivencias mal o bien vividas, decidí cambiar, me convencí que tenía que hacer lo correcto, y lo hice; y me fue bien. Pero no hubo amor nunca. Sólo existió esa necesidad de ser “buena” cada día. Y lo logré, mucho tiempo fue así. Mucho, y cada que alguien elogiaba mi conducta y posición en la vida, yo moría de a poquito. 

Y de pronto, llegó el amor. Y puedo decir que es amor porque a pesar de llevar más de dos años tratando de definirlo, sigo fracasando en ello y sintiendo el éxito de sentirlo con toda mi capacidad de amar.

Después de los 30, uno es perro viejo, las costumbres las traemos arraigadas, los temores por delante y las espadas (cuando las hay) desenvainadas. Y sí, el amor pudo con todo eso, o eso creí. Un día decidió que ya no más y mi corazón que no sabe de atrapar, que toda su existencia no ha hecho más que soltar lo que no quiere ser sostenido, mi corazón se partió. Se rompió en “quédates”, “perdónames”, “sigamos”; etc. El pobre sintió por primera vez las ganas de ya no querer latir, de ya no querer sentir, fue un dolor que ni con raudales de lágrimas se ahogaba, un dolor que decía que ya no más, un pesar que no aguantaba.

Así fue, aquella mujer (yo) que creía que el amor sólo era una sociedad para apoyarse en hacer lo correcto, un día decidió dejar de hacerlo y empezar a amar.

Mi corazón está bien, es fuerte, aprendió de aquel derrumbe, sigue latiendo y lo mejor de todo… sigue amando.