Julio 17, 2017.

He estado buscando el pretexto perfecto para hablarte, decirte que te extraño y que me haces falta, a cada rato me asaltan las ganas de contarte algo, me ha pasado de todo y no he podido encontrar el valor o la humildad de buscarte.  Sé que pasará, pero también sé que si tú sintieras aunque mínimamente lo que siento, ya habrías dado el primer paso, así que, sabiendo esto y dándome cuenta que no lo has hecho; me digo y trato de convencerme que quizá fue mejor así. 

Pocas veces uno se abre a nuevas personas, pocas, poquísimas veces encuentras a alguien con quien sin darte cuenta dejas caer los muros a tu alrededor, que incluso las dejas pasar a la parte más íntima, privada y dolorosa de tu existencia, que sin pensar en futuros adioses, les compartes secretos, los oscuros y las más bellas ilusiones que te acontecen. Y también, pocas veces, estas compañías suelen durar.

Quizá leas esto, quizá no sea material faveable, solo quiero decir; que me rompiste esa parte del corazón que yo misma te ofrecí, y que sé, que sí, que tal ves fue un berrinche, pero que pensé que la balanza pesaría más de este lado que del lado del quedar bien con quien convenía más.

Como sea, podría ser que yo me inventé toda esta historia y que quizá solo sea algo normal, que nuestro ciclo terminó y que debemos otro comenzar. Te deseo suerte y todo lo mejor.
Carta No. 1.

Abril 4, 2017.

¿Qué es la calma, por qué siempre vamos detrás de ella?

 ¿Por qué cuando al fin la alcanzamos, empezamos a creer que no es tan buena porque nos resulta aburrida y sin gracia?

Creo que nos hemos vuelto adictos al dolor, somos incapaces de ver la belleza de la paz y tratamos consciente o contrariamente, a hackearnos una y otra vez, arruinando lo bonito que hemos podido conseguir.

Leí que las mujeres somos más propensas a esta cuestión, hacernos adictas al dolor emocional, al parecer viene en los cromosomas XX. Puede resultar gracioso, pero al escuchar adicción al dolor, nos reflejamos aunque una sola vez, pero si lo pensamos un poco más, es terriblemente agotador.

Cuántas veces no habremos desaprovechado el “amor bonito” de ese alguien que nos quería nada más porque sí, por quien éramos, sin pedir nada más que un poco de atención, ah pero nosotros queríamos a nuestro “Mickey ojos azules”, el chico malo, el rudo, el don nadie, al que nosotras con nuestro profundo amor salvaríamos y haríamos cambiar. Pero bueno, ¿quién nos dijo que somos enfermeras o doctoras corazón? Nadie cambia a menos que la persona misma quiera hacerlo, pero eso no lo aprendemos hasta que es demasiado tarde. Hasta que nos rompemos el corazón.

A dónde quiero llegar con todo esto, no tengo ni idea. Quizá sólo necesitaba plasmarlo para darme cuenta de lo patético que es no saber apreciar una vida calmada, que no sepamos distinguir entre calma, rutina o aburrición. Que a menos que nuestros cerebros necesiten medicación, lo demás sí es cuestión de criterio propio, me hace mal, me alejo, me hace bien, lo cuido. No me satisface, lo hablo, me llena, lo procuro. Y así, con cada cosa, persona o situación que se nos presente. Porque querer a nuestro Mickey ojos azules y ser las dancing queen es tan de los 17.

Para los que ya no estamos en esa década dorada que son los 20, para los que estamos tratando de no rendirnos aquí en los 30, para los que quizá estemos dándonos una nueva oportunidad, aprendamos un poco de lo que no nos ha funcionado y evitarlo. Si lo pensamos un poco, sí somos más maduros, vemos con ternura a los más jóvenes, aquellos chicos que creen que se comerán al mundo, a esas mujercitas que se creen bellas pero que aún no saben que la belleza es pasajera, aquí, de este lado de la trinchera, sabemos que hay sueños que en eso se quedarán, que hay ilusiones que a pesar de tantos fracasos seguirán floreciendo; como el amor, la amistad, la lealtad. Que preferimos pasos firmes que alas sin cielos, que deseamos acciones y nos alejamos de ciertas promesas, aquí, de este lado, sí hemos aprendido algo con los años, somos más sabios aunque ya no tan guapos, somos más maduras aunque ya no tan firmes, y que todo esto es genial. 

Podríamos sentirnos ya muy viejos y cansados, pero no, esto apenas es la mitad del camino, estamos en los 30, justo empezando a edificar la segunda parte de nuestra vida, sí, de nuestra vida. Aprendamos a vivirla.

Marzo 8, 2017.

Todo este tiempo lo he sabido, ahí estaba la respuesta, se había escondido entre todas esos reclamos callados e ilusiones de un nosotros, nunca se diluyó entre esas lágrimas derramadas a escondidas, sí, te he llorado muchas veces, aislada y calladamente; quién me habría entendido, nadie. Cada uno sabe su dolor, y por muy empática que sea la gente a tu alrededor, hay cosas que uno debe enfrentar solo, no porque no sientan o comprendan tu dolor, no porque juzguen o subestimen tu sentir, sino porque llorar a solas es liberador.

Pero hablaba de la respuesta, un día salió como si nada, como queriendo que yo la viera, quizá ya había salido antes pero mi amor por ti me cegaba que jamás reparé en ella, hoy la vi, mira que no es fea, obvio no es bonita pero fea no es, cuando sonrió supe que era para mí, hola le dije, no contestó nada, creo que sólo quería que supiera que ahí estaba y que la podía tomar cuando quisiera, no sé por qué hoy estuve preparada para ello, me acerqué y volví a decirle hola, sin esperar a que respondiera, seguí diciendo, preguntando mejor dicho;

– ¿Por qué hasta ahora te dejas ver?

– …

– ¿Desde cuándo has estado ahí?

– …

– ¿Sabes, podría decir que si te habría visto antes, quizá no habría llorado tanto?

Tímidamente abrió los ojos mirándome incrédula y dijo;

– Aquí he estado, desde tus primeras lágrimas, desde tus primeros por qués, quise hablarte pero cuando lo intentaba, encontrabas una justificación a tu sentir y me cubrías con ella, y cuando volvias a llorar por otra decepción, intentaba salir de ese abismo de expectativas, mas nuevamente encontrabas algo para dejarme ahí, que si era tu culpa, que quizá si no exigieras tanto, que tal vez si aguardaras un poco más, etc. Siempre encontrabas algo con qué cubrirme.

– ¿Yo hacía eso? ¿Todo eso?

– Sí. No lo notabas porque estabas enamorada.

– ¿Ya no lo estoy?

– No sé, ¿Tú qué piensas?

– Yo estoy segura que lo amo.

– Entonces, quizá por eso hasta hoy pudiste verme, estas lista para aceptarme, tu amor se ha fortalecido que está dispuesto a escucharme, o puede ser que no sea amor y sólo te hayas acostumbrado a no estar sola que no quieres aceptar que tus sentimientos se han ido desvaneciendo.

– No te entiendo, explícate.

– Mira, yo no sé hacerlo, yo sólo nací aquella vez que preguntaste que qué era lo que necesitabas para ser (momentáneamente) feliz.

– Ah sí, lo recuerdo. Pero aquella vez yo me respondí. Creo que te has equivocado y no es a mí a quien quieres.

– Ok, entonces que “él deje de esconderte de sus propios y que les diga que te ama y que aunque no estarán ustedes juntos como su familia ha estado pensando, él sí te ama, que eso quieres, que él les deje claro que te ama como a nadie” ¿no es lo que estabas esperando de mí?

¡Calla! Le supliqué con lágrimas suicidas y mejillas mojadas, ambas sabemos que eso nunca pasará, pero me ama y yo a él, debo ser paciente, darle tiempo, aceptar que él es así, cubría mis ojos con mis manos que cuando terminé de llorar, ella ya había desaparecido de nuevo, se había vuelto a esconder de tantas explicaciones que di mientras lloraba, pero aunque ella ya no estuviese ahí, yo ya la había escuchado. Eso nada lo iba a cambiar.

Limpié mis ojos y prendí la luz. Esa noche ya no pude dormir.

Febrero 28, 2017.

– ¿Te han roto el corazón?

– Me lo rompí yo sola a los 33. 

Qué es el amor sino la búsqueda constante de intentar definirlo y fracasar en cada intento. Hoy el amor es… mañana será algo diferente, y esta bien, está espectacularmente bien, un amor que no cambia, que no crece o que no se transforma, es un amor que se estanca, se pudre y de manera obvia, muere.

Felipe era el chico más lindo del Instituto, yo sólo era la asistente de la secretaria, un día terminó con Elizabeth Aboytes y fue conmigo a platicar, ¿Felipe hablándome, a mí? En fin, después de semanas de hablar me pidió ser su novia, vaya que si me sentía en las nubes, se trataba de Felipe. Hice y dejé de hacer tantas cosas por él. Terminamos y tiempo después nos reencontramos y volvimos. Terminamos nuevamente. Media vida, muchos amores y errores después, me doy cuenta que jamás amé. Felipe fue ese bocadillo que todos elogian y debes probar. 

Hace mucho, después de todas esas vivencias mal o bien vividas, decidí cambiar, me convencí que tenía que hacer lo correcto, y lo hice; y me fue bien. Pero no hubo amor nunca. Sólo existió esa necesidad de ser “buena” cada día. Y lo logré, mucho tiempo fue así. Mucho, y cada que alguien elogiaba mi conducta y posición en la vida, yo moría de a poquito. 

Y de pronto, llegó el amor. Y puedo decir que es amor porque a pesar de llevar más de dos años tratando de definirlo, sigo fracasando en ello y sintiendo el éxito de sentirlo con toda mi capacidad de amar.

Después de los 30, uno es perro viejo, las costumbres las traemos arraigadas, los temores por delante y las espadas (cuando las hay) desenvainadas. Y sí, el amor pudo con todo eso, o eso creí. Un día decidió que ya no más y mi corazón que no sabe de atrapar, que toda su existencia no ha hecho más que soltar lo que no quiere ser sostenido, mi corazón se partió. Se rompió en “quédates”, “perdónames”, “sigamos”; etc. El pobre sintió por primera vez las ganas de ya no querer latir, de ya no querer sentir, fue un dolor que ni con raudales de lágrimas se ahogaba, un dolor que decía que ya no más, un pesar que no aguantaba.

Así fue, aquella mujer (yo) que creía que el amor sólo era una sociedad para apoyarse en hacer lo correcto, un día decidió dejar de hacerlo y empezar a amar.

Mi corazón está bien, es fuerte, aprendió de aquel derrumbe, sigue latiendo y lo mejor de todo… sigue amando.

Febrero 20, 2017.

Flashback.

Tengo 9 años, allá afuera hace frío, ha llovido toda la noche, mamá duerme, Andrea no está, ayer ella y mamá discutieron, a mi madre sólo la he visto llorar por culpa de Andrea, Ana ya no vive aquí, mis tres hermanos son más pequeños, creo que es sábado, mamá sigue durmiendo y hay películas de Capulina en la tele; sí, debe ser sábado. Ya me fui a fijar si hay comida pero no, la cocina está vacía, tengo hambre pero no quiero decir para no despertarles el apetito a ellos también, además no hay ni huevos. Mamá está acostumbrada al ruido del televisor pero si oye algún otro ruido, empezará a gritar. Ella grita muy fuerte; ¿a dónde te habrás ido Andrea? Andrea está a punto de cumplir 15 años, quién diría que apenas cumpliéndolos también se irá de casa. En este cuarto hay tres camas matrimoniales, en una dormimos mis dos hermanas y yo, en la otra mi mamá y mi hermano, y en la tercera dormían Ana y Andrea, Andrea es egoísta, ahora que Ana no está pensé que podría pasarme con ella, pero sólo dijo que no, mamá se ha rendido con ella. Andrea sale de la escuela y llega a casa a comer, se sirve y se va a un rincón, nunca nos atiende, nunca hace tarea, apenas termina de comer se cambia y se va con sus amigas, regresa, se baña y se sale a ver al novio, siempre se mete a escasos 10 minutos antes de que llegue mi mamá; ayer se le pasó el tiempo y cuando mi madre llegó, ella seguía trepada en el carro del novio. Mis tripas rugen, mis hermanos empezarán a preguntar que qué vamos a desayunar, me acerco a mi madre a pedirle dinero para ir a la tienda, me dice que agarre de su cartera, salgo a la calle y sigue lloviendo, la tienda está cerrada, espero. Sigue lloviendo, estoy en la esquinita de la cortina. Ojalá abran pronto.

Tengo diez, hay una foto de nosotras tres partiendo un pastel, Ana y Gracy cumplen años un día antes que yo, mi madre nos trae un pastel para las tres. No tenemos amigos, no hay fiesta, sólo el pastel. 

Siempre fui a la escuela en el turno de la tarde, por las mañanas no recuerdo mucho qué es lo que hacía, bueno sí, me la pasaba todo el tiempo en el departamento del casero, toda la mañana, a veces hasta desayunaba ahí. Tengo 10 años, está el chavo del ocho, es de noche, sigo aquí con don Lupe, mamá no ha llegado, Andrea está con el novio, porqué no logro recordar dónde están mis hermanos. Don Lupe me dice que me siente en sus piernas, el rebota sus pies y me hace caballito. Me dio café con leche, a veces me toca la entrepierna pero a mí me gusta, no me gusta como huele, él huele a viejo. Tiene canas en la barba y está calvo. Me dice que ya me vaya a mi casa. Que mañana vuelva. Siempre vuelvo, Don Lupe siempre me acepta en su casa, es un cuarto, la estufa y la mesa están cerca de su cama, hay una silla chiquita, ahí me siento a ver la tele, pero la verdad me gusta más sentarme con él en la cama. Pero estoy triste, ya no me pide que lo haga, me sigue dejando ver la tele.

Creo sigo teniendo 10, ya no vivimos ahí, nos cambiamos a dos cuadras, ni Don Lupe vive ahí, desapareció. Lo malo de vivir aquí es que nos encierran, vivimos en una casa sola, estamos de vacaciones, no hay clases, Andrea ya no vive aquí, Ana viene de vez en cuando y mamá sigue trabajando. Hoy me brinqué la puerta y me salí a jugar a la casa de Leticia. Leticia tiene columpio en su casa, su hermano Rafael se fue de ahí, sus papás lo anexaron por meterse cosas. Me arrepiento de haberme brincado, cuando regresé mis hermanos estaban llorando, unos vagos se habían metido a la casa y los asustaron. Qué mala soy, sólo pienso en mí.

Tengo 12 años, estoy en la puerta de la casa de Don Raúl, mi uniforme es azul, está padrísimo, hoy entro a la secundaria. Tomaré transporte público, estoy emocionada. Ojalá a mis hermanos no les afecte que ya no vaya a la escuela con ellos, me preocupa que se les haga tarde, cuando llego de la escuela limpio la casa para que cuando ellos lleguen, me encuentren y sonrían. Cenamos y a veces esperamos a mi mamá allá afuera en la calle jugando con los demás. Estoy segura que hoy viene Ana a visitarnos.

Tengo 13, vivimos cerca de la casa de Andrea, a unas cinco casas pero ella nunca viene, aquí ya tenemos todo organizado, tenemos los días marcados y los deberes repartidos, mamá se va a las 8 y llega a las 10 de la noche. Cuando llego de la escuela cocino, y mis hermanos ya hicieron el quehacer. De noche hacemos tarea y preparamos todo para el siguiente día. Todo está bien hasta que llega el hijo de la casera. Ya le dijimos a mi mamá pero ella no le dice nada por temor a que nos pidan desalojar. Aguantaremos, es sólo un año.

Tengo 14, mamá nos avisa que nos mudaremos otra vez, pero a su pueblo natal, se ha cansado de rodar durante 15 años y quiere volver a sus raíces, Andrea ya vive con nosotros otra vez, pero ahora también vive Edgar con nosotros, Edgar es un niño lindo y bien portado, pero su madre sigue siendo mala, aún se sale en las noches, se ha vuelto a enamorar. Ana ya hizo su casa en el pueblo de mi mamá, fue ella quien la animó a irse para allá. Lo único malo es que ya no entraré a la prepa que quería. Aquí se acabó mi niñez.

Mañana cumpliré 34 y no lloré nada al escribir esto. Estoy sanando.

Enero 15, 2017.

¿Después de mí qué habrá? ¿Qué pasará antes de que me llegue tu olvido? ¿Qué recordarás de mí? ¿Pensarás en mi cabello, en mis ojos o en mi piel? Recuerdo cuando decías que mis ojos te habían enamorado, hasta ese tiempo yo creía que mi único atractivo eran mis labios, pero llegaste tú y todo cambió. Hasta yo.

Quisiera que así como eres feliz ahora, lo fueras después de mí, que este tiempo te haya servido para darte cuenta que todo eso de lo que yo me enamoré sigue ahí, dentro de ti, que así como pudiste tenerme a tus pies, metafórica y literalmente hablando, puedes encontrar a alguien más que pueda hacerte igual o incluso mucho más feliz que yo.

Deseo que tu olvido llegue pronto pero a la par también quisiera que no llegara nunca, que hasta en tus últimos momentos en este mundo, sintieras por toda tu piel, que hubo un tiempo en que sólo importamos los dos; que hubo instantes en que sólo fuimos uno. ¿Lo recordarás? Ese ser de cuatro piernas y cuatro brazos, unidos por el centro, unidos entre besos y te amos, unidos porque la vida nos regaló ese coincidir. 

Qué más quisiera que hacerte siempre feliz, o al menos estar siempre a tu lado, mas ambos sabemos que los para siempre no existen, y que de manera general, cuando los amores acaban, se quedan con tanto por decir; es por eso que hoy, deseando que nuestro final aún ni siquiera tenga planes de concebirse, quiero decirte que te quiero, te he querido desde que esperaba ansiosa tu llegada, que esa sensación de emoción a pesar de todo este tiempo, no ha muerto, que me sigo sintiendo cual colegiala a la puerta de la escuela esperando a que aparezcas, quiero decirte que tus besos siguen provocando tanto en mí que hasta siento que jamás ninguna otra boca me hará reaccionar como lo hacen tus labios, quiero decirte que cuando te encontré borré todo mi historial, que apenas y recuerdo si logré sentir con alguien más lo que siento contigo, que tú y todo tu ser, cambió para bien el mío.

No quisiera quedarme con nada en el pecho, sólo con tu recuerdo, quiero siempre decirte todo mientras estemos juntos. Cariño, has sido lo más bonito que esta vida pudo otorgarme, no creo que haya sido un pago por lo que sufrí antes de ti, no creo que haya sido un regalo, porque por más que lo pienso, no creo merecer algo así de bello, sólo sé que eres una experiencia de la cual he aprendido más que en toda mi vida hasta hoy.

Me gustas, me gustas como nadie, te amo, jamás lo dije tan en serio y tan de corazón, eres café caliente, manto suave, recuerdo candente. Eres mis ganas de seguir adelante, eres ancla, vela y viento; eres fe, esperanza y milagro; eres sonrisa, nudo en la garganta y lágrimas de felicidad; eres historia, experiencia y primera vez; eres todo y nada a la vez; eres mi sonrisa y mi mirada; eres ese amor para el cual estaba preparada; eres mío y libertad. Eres.

¿Qué habrá después de mí? Corazón, lo único que te pido es que sigas siendo lo que conmigo pudiste ser, que por esto que yo sé que sientes por mí, no vuelvas a caer en lo que eras antes de nuestro primer hola, o antes de nuestro primer beso, no vuelvas a lo que no querías sentir antes de que te dieras cuenta que me amabas, cariño, no te condenes a no sentir.

Porque no sé cuánto tardará en llegar tu olvido, no quise dejar nada para después. Porque no sé qué habrá después de mí, no quiero que el final me arrebate la oportunidad de reiterarte que siempre te amé.

Por siempre, aunque no, “tuya”.

Enero 11, 2017.

​El amor no es una competencia de ver quién quiere más, quién siente más o quién pierde más. Pero aunque no se diga, sí se sabe quién se entrega sin reserva y quien le teme a esa entrega.

Nadie está capacitado para amar, nadie. No existe tal capacitación, uno ama y se entrega, uno ama y sostiene, uno ama y camina. ¿A dónde? nadie sabe, no al menos por un momento, juntos deciden el destino, juntos se puede más, juntos se vence el miedo a caer; porque juntos es la palabra más bella del universo cuando de amor se trata.

Claro que habrá fallas, dolores, decepciones, frustraciones; porque son dos personas diferentes que por mucho que se amen no son iguales, pero si no hay tal intención de descubrir y pasar por todo eso, sólo por el temor de que el supuesto amor se acabe, entonces nada se podrá hacer, y lo peor, eso no es amor.

Los «te amo para siempre»  no existen, pero quienes los expresan no mienten del todo, cuando la gente ama, cree y desea que sea así, eterno, jamás piensa en el final, quizá por eso los externan, sin embargo; la vida pasa, el amor cambia, las personas por igual, crecen o maduran, y habrá amores que simplemente no resistirán la tempestad de nuevos cambios, y ambos amantes decidirán seguir por caminos diferentes, y si bien, el amor se les terminó eso jamás significó que no existiera o que no haya sido real.

«No conozco otra forma de amar que amar como nunca cada vez que se ama» gran frase, gran verdad, nada nos garantiza que el amor que por ahora sentimos y vivimos será para siempre, mas si logramos entregarnos como nunca antes lo habiamos hecho, aunque acabe no termina, el recuerdo seguirá siendo recuerdo y el cariño impedirá el nacimiento de cualquier feo sentimiento o el anhelo de olvidar lo que en un momento, fue lo más maravilloso que descubriste que podías sentir.

Valora ese amor que por ahora te acompaña, te hace sonreír, bailar, suspirar, descubrir nuevas cosas, sentir morir de pasión y resucitar en cada te amo que desde sus vísceras le sale. No lastimes a propósito a quien preferiría morir que verte sufrir. Y si en algún momento de ese bello camino tus intereses cambian, hácelo saber, quizá duela, pero será lo mejor que seguir albergando esperanzas que el mismo tiempo terminará desalojando de lo que se creía un hogar.

El amor no se define, se siente. No se explica, se vive. No se teme, se enfrenta.

Enero 1, 2017. 

Cada que entro a este lugar me pregunto si lo que traigo en mente es digno de escribirse, si lo que siento le podría importar a alguien o si lo que decidí callar es tan grave como para no decirlo; si lo que no me importa de verdad es así; y pues apenas empiezo a escribir, todo aquello que estaba pensando empieza a danzar entre mis dedos y el teclado.

A un par de horas de haber iniciado el año, me quisiera imaginar qué espero de mí para esta vuelta al sol, porque decir que qué nos depara el 2017, es egoísta, los años nada tienen que ver con lo que somos y queremos, pero, qué quiero de mí o qué deseo para mí y qué puedo ofrecer; se me llena el pecho de recordar todo lo bueno que 2016 provocó en mí. 

Así soy, y eso me gusta, mi corazón es tan noble que evita recordar las “cosas malas” por así decirles, que mi mente es tan selecta, que al terminar ciclos, sólo recuerda los buenos momentos que viví dentro de ellos. 

Estoy a casi nada de cumplir 34, me miro al espejo y casi lo único que puedo juzgarme, son estos kilitos de más, y sí, me siento orgullosa de mí y de lo poquito que avanzo cada día, estoy contenta por estarme haciendo cargo de mis emociones, porque me di cuenta que el papel de víctima ya estaba muy socorrido y que así, jamás podría brillar por tan patética actuación; así que decidí hace un buen tiempo en dejar de interpretarlo.

Uno en si, sí es dueño de su destino, que no está marcado, que pasito a pasito, que bosquejo a bosquejo, uno va pintando para si, uno nuevo. Que el amor ahí está, que es una belleza poder sentirlo, expresarlo y ser correspondido, que en efecto, siempre habrá gente que quita, pero que también la hay, que sin pedirles, da. Que cuidarse a uno mismo también es cuidar de los demás.

No sé bien a ciencia cierta a quien agradecerle más, si a los que se fueron, y me enseñaron que nada es para siempre, o a los que se quedaron y me llenaron de fe, que sí, que aunque nada es eterno, hay quienes disfrutan de un día a día, cada día al lado de mí.

Podría parecer estúpido, pero yo volví a nacer cuando entré a Twitter, que soy un antes y después, y que soy aún más yo, después de Hope, que sé que hay gente que no conozco y me conoce más que mis propios, que sé que hay gente a kilómetros de distancia que sabe más de mí, que la gente a mi alrededor, que mi día puede ser mejor si leo a quienes, como yo, deciden compartir trazas de su cotidianidad, y que he descubierto que puede uno preocuparse y sentir el dolor, no sólo ajeno, sino de gente que quizá la vida jamás me ponga en frente y que con un mensaje, puedo hacer sonreír a alguien y hacerlo sentir mejor. Eso es Twitter, un mundo de solitarios, alejados de la hipocresía real, del fastidio de su propia rutina, o quizá, sólo es gente que puede ser más honesta consigo misma detrás de un avatar que frente a los que le rodean. Y lo digo empezando por mí.

Justo hoy, justo ahora, pienso en ese amor que me impulsa cada día, que me hace sonreír y sentirme bella, que hace que cualquier temor sea razonable y no ridículo como diría cualquiera que no me conoce, pienso en él y me viene a la mente su mirada, cierro los ojos y siento que puedo olerlo, que si estiro mi mano, puedo tocarlo. Pienso en él y de manera irremediable, suspiro y sonrío hasta con la piel.

Gracias vida, gracias amor, gracias letras, gracias 2016, bienvenido 2017, espero que logremos seguir sintiendo, escribiendo y aprendiendo.

Diciembre 13, 2016.

No me había pasado antes, o sí. Quizá ahora lo entiendo mejor. Esto de sentir el corazón libre de mucho y lleno de tanto. No hay culpas, temores infundados, resentimientos o esas cosas que impiden sentirse pleno y en armonía con lo que estamos viviendo; y al mismo tiempo siento este amor que ya no sé si sea más grande o fuerte cada día, no estoy segura si cuando ya amas por completo, ese amor pueda seguir creciendo, pero así se siente, esa tranquilidad y emoción de saberme correspondida, esa madurez al aceptar que no soy ni seré jamás ese modelo que me impusieron y que en el pasado me dolía y frustraba, porque a pesar de hacer cuanto podía para lograrlo,  jamás pude conseguirlo.

La idea de sentirse bien con uno mismo es como que el top de cosas que los demás dicen, pero que nosotros ignoramos o dejamos para luego. Y es que nadie te explica, cuenta o comparte a ciencia cierta qué implica estar bien con uno mismo, y me refiero a lo real, no a los clichés. Nadie parte de, desde que estoy bien conmigo mismo, la vida a veces es aburrida porque no sientes drama en el corazón, o desde que estoy bien conmigo mismo la vida sigue igual sólo que sin esas constantes ganas de querer desaparecer. No sé, las frases que yo he leído sólo son para quedar bien, que sólo así aprenderás a amar, que si no te amas a ti mismo no podrás amar a alguien más, pendejadas pues. Recuerdo que me enamoré en un punto que bien podría llamar decisivo, pero no lo haré, porque era un momento equis, igual al de hace 5 o al de 8 años, era tan equis, él lo transformó en importante, en decisivo, en inolvidable; me hizo saber que este corazón no sólo servía para latir y seguir viviendo. Me hizo creer que lo que soy y lo que siento es importante, tanto, que alguien podía enamorarse y preguntarse a diario qué es lo que estoy pensando, y que hasta desearía que le compartiese lo que quisiera compartir.

Esto lo digo hoy, hoy que siento el corazón tan libre de mucho y tan lleno de tanto.

Ya tenía indicios que había sanado, pero aceptar la llegada de diciembre sin sus usuales melancolías, fue el parteaguas de esto que deseo seguir viviendo. La melancolía es la prima chillona de la nostalgia, mucho tiempo lo desperdicié por estar llorándola; y es que llegaba con esa avalancha de recuerdos de mi infancia y peor aún, de todo aquello que algún día quise ser y que no luché lo necesario para conseguir o que símplemente no era para mí, mas este diciembre decidió llegar sin melancolía pero con esa nostalgia que abriga.

Este diciembre lo estoy viviendo tranquila, no, miento, lo vivo emocionada, pero con esa emoción bonita, la expectante por probar sus delicias y ansiosa por abrazar a quien sólo se ve por estas fechas, feliz por lo que este año logré y confiada por lo que el siguiente puede traer. Aprendí, que sí, que mucho de lo que uno desea, si no es con un verdadero esfuerzo y constancia, eso que deseamos, no va a llegar ni porque le recemos a cuanto Santo conozcamos. Aprendí también, que habrá cosas que aunque luchemos demasiado, estas simplemente no son para nosotros, y que aceptarlo puede ser muy liberador.

Aprendí a sostener un no, sostener un no es más valiente (para mí) que sostener la mirada. Mantener y cumplir promesas es edificante pero el no hacerlas y aún así cumplirlas, es mejor. 

Aprendí que en efecto, mucha gente depende de mi bienestar, pero que nada me obliga a estar siempre con la sonrisa puesta, que me puedo derrumbar cuando así mi ser lo desee y mentar madres cuando mi paciencia lo requiera. Porque un desfogue a tiempo impide una explosión después.

He aprendido tanto, y lo más bello, es que lo he aprendido de mí y de quienes he decidido rodearme. Quiero seguir siendo y estando. Quiero seguir sintiendo y trasmitiendo. Quiero seguir disfrutando y compartiendo. Quiero, siempre quiero. Aprendí que la tristeza es parte del banquete, pero bien puedes prescindir cuanto más puedas de ella. 

Aprendí que decir te amo cada que tu pecho, vientre, vísceras o deseo lo sienta, no te hace más vulnerable si crees que estas con la persona correcta.

Que la fuerza de un sí es tan poderosa como tu miedo te lo permita sentir, y que el poder de un no, te llena de satisfacción y te libera de cadenas de frustración y cansancio innecesario. Que ser tolerante no te convierte en sumisa, y que ser sumisa te puede provocar más placer del que imaginaste.

Diciembre está aqui y nosotros también. Huele a ponche, tamales y sueños que cumplir.